Guardiola y su lacito

Guardiola y su lacito

Mientras los separatistas catalanes nos siguen deleitando con sus asuntos reaccionarios, tóxicos y antidemocráticos, ofreciéndonos situaciones, movimientos y decisiones, propias de un guion cinematográfico de difícil catalogación, toda una ficción, digamos descatalogada. Eso sí, y según sus protagonistas y seguidores, todo envuelto en civismo, pacifismo y calidad democrática, cuestiones que viendo lo que presenciamos todos los días de este insufrible y paranoico proceso, suenan a palabras vacías. Una “democracia” muy particular con denominación de origen.

Un sistema imposible de entender para el resto de la humanidad, excepto para esa gente especial que andan instalados en el supremacismo o superioridad sobre los demás. Una raza superior. Todo muy del s. XXI.

Hay una parte de nuestra sociedad, liderados por estos cansinos separatistas, que siguen pretendiendo resolver problemas del pasado. Una mentalidad que delata falta de ideas para afrontar el presente y futuro de lo que nos estamos jugando a nivel global. Expertos en ir contra corriente en unos tiempos donde necesitamos más que nunca, remar todos en la misma dirección. El pasado no se puede tocar, solo aprender de él. Ese empeño constante en desgastarnos por cuestiones pasadas que ya no tienen solución, nos resta esfuerzo para emprender los muchos retos que tenemos por delante.

Y en medio de todo este delirio, mi admirado Guardiola sigue con su juego, lacito sí, lacito no.

Una demostración palpable, que la brillantez futbolística, no siempre coincide con personas sensatas e inteligentes. Este es un claro ejemplo. Es evidente que sacándolo de la pizarra y el césped, donde sin duda es un gran entrenador, su discurso pausado, reflexivo, al menos en apariencia, nos descubre una persona intelectualmente corta.

Sustituye su ignorancia por sentimientos irracionales, propios de la necesidad de convertirse en algo más que un entrenador, una especie de icono separatista con trascendencia internacional en permanente pulso con España. Una delicia.

Por cierto, esa España a la que ha representado en multitud de ocasiones, celebrando sus victorias y apretando los dientes en la derrota. Esa España que le ha dado reconocimiento deportivo a nivel mundial, donde ha labrado su trayectoria como entrenador y le ha impulsado a entrenar los mejores equipos del continente.

La historia de España, como muchas historias de otros países, está plagada de traidores, desleales y desagradecidos. Creo que Guardiola está incluido en este tercer grupo. Desagradecidos que tratan con desprecio sus orígenes. Casos varios hay, pero mi admirado Guardiola, se convirtió en el portavoz oficial de la ingratitud.

El lacito amarillo es una manera de seguir prolongando un delirio que solo esa gente se cree y que el resto padecemos. No espero absolutamente nada de Guardiola, a su ignorancia se le une su orgullo, una mezcla imbatible contra la razón. El uso de sus éxitos deportivos es un magnífico reclamo para la reivindicación absurda. Lástima que sean utilizados para una causa generadora de división y frustración.

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