Lebron y el baloncesto español

Pienso que no han tenido demasiada repercusión las declaraciones de Lebron James, mejor jugador de la NBA, y segundo mejor de la historia, como lo catalogan allá en USA, tras Michael Jordan, referente al baloncesto español. Lebron a las preguntas que le dirigían sobre Calderón, compañero de equipo, realzó como nunca había escuchado a ningún jugador de ese nivel y en esas latitudes, el nivel del baloncesto español y su inteligencia.

Lebron venía a decir, que el baloncesto español es muy inteligente en el juego, que su experiencia de tener a uno a de los nuestros, Calderón en su equipo, y el haberse enfrentado en algunas ocasiones a la Selección Española, corroboraban dicha afirmación. Valoraba y respetaba nuestro baloncesto y profesionalidad. Ya sé que los medios generalistas están más pendientes del nacimiento, cumpleaños o el penúltimo tatuaje de Sergio Ramos, un periodismo que sin duda trasciende al nivel de estos tiempos, tan rodeados de fakes, memes, y todo tipo de mentiras que se extienden desde las RRSS a medios que uno pensaba medianamente serios. Pero las manifestaciones de una mega estrella como Lebron James, merecían abrir los informativos deportivos por la trascendencia de su personalidad y por la repercusión de sus palabras hacia lo nuestro.

España en general y nuestro baloncesto en particular, está necesitada de reconocimiento a tantas y tantas páginas brillantes escritas desde el talento y esfuerzo. Muchas hazañas y logros que sin embargo quedan, relegadas o en el peor de los casos, caricaturizadas o rechazadas por tanto resentido acomplejado que abunda en nuestra sociedad. Lebron James mostraba su respeto por nuestro baloncesto, un baloncesto construido por muchos profesionales, y permítanme centrarlo en esa figura tantas veces denostada, el entrenador. Horas y horas entrenando y trabajando en condiciones muchas veces precarias, sacando adelante a un montón de jugadores españoles que han dominado el panorama mundial a través de nuestra selección, más de una década, algo sencillamente prodigioso.

España tiene un enorme talento, la cuestión radica en que ese talento sea visionado y entrenado, y que sea permitido darle la oportunidad para desarrollarlo. Los despachos y liderazgos inseguros, no siempre lo consienten. Se tiene el talento y la mentalidad necesaria para competir entre los mejores del mundo, como el deporte nos enseña constantemente. El baloncesto ha sido una escuela de talento, esfuerzo y competitividad, y además perdurando en el tiempo, algo extraordinariamente insólito.

Hay que agradecer a Lebron James su respeto y admiración hacia nuestro baloncesto. Un baloncesto que lucha por sobrevivir en una etapa gris que no se sabe bien, qué final nos traerá, si su recuperación y de nuevo esplendor, o cada vez, más Euroliga y menos ACB. Mucho me temo que al final, harán incompatible la grandeza de ambas competiciones.

Pinceladas

  • El jugador de Estudiantes hizo una anotación en el Palau de otra época: ¡¡48!! puntos. Muy meritoria para estos tiempos. Antes los jugadores extranjeros copaban la anotación de sus equipos moviéndose en cifras similares. Hace años que eso ya no ocurre, todo más igualado. Por eso sorprende y se agradece que de vez en cuando surja la genialidad.
  • El ocaso del Málaga. Era la crónica de un desastre anunciado. Sergio Cortés en estas páginas nos lo explica con toda serie de detalles. Desde estas modestas líneas, lo vi llegar desde hace ya mucho tiempo. La no gestión de un proyecto que dejó cegados a todos por una Champions e impidió ver qué había detrás de todo esto: la nada.

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Un comentario

  • Webquest 09/04/2018   Respuesta →

    Recuerdo, cuando salió elegida Barcelona -yo tenía por entonces catorce años-, que yo no quería que se los dieran: yo ya era con sólo catorce años recién cumplidos un clarísimo catalanófobo, ¡jajaja! Y como aficionado al deporte -antes lo era más que ahora-, mis mejores recuerdos de los Juegos Olímpicos son los de Seúl y ¡cómo no!, aquellas míticas madrugadas con la selección española de baloncesto en Los Ángeles-84. Por cierto, ¡qué bonita era la pista de baloncesto de Los Ángeles-84!, ¡la más bonita que he visto nunca!

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