Enviado por Javier Imbroda en
Artículo de opinión semanal publicado en Melilla Hoy

Educación con mayúsculas. El otro día yendo en coche, escuchaba en la radio una entrevista que le hacían a una orientadora educativa, hablando de la importancia de los padres en la educación. No daba crédito. A esta altura de la vida, todavía preguntándonos acerca de la importancia de los padres en la educación de sus hijos. Al parecer, conviene recordarlo. Pues recordemos.

Cada casa es un mundo. Hay casas y hay hogares, el calor de un hogar que solo unos padres pueden lograrlo. Ese calor, no lo consiguen, ni las personas que puedan trabajar en una casa, ni la calle, ni la televisión, ni las diferentes tecnologías que acompañan hoy día cualquier rincón de la vida de nuestros niños, y no tan niños. El calor de un hogar, solo está al alcance de los progenitores.

Tampoco el colegio. Algunos padres incluso, han delegado ese calor en los profesores, no tienen tiempo, y cuando lo tienen, no tienen ganas. Demasiado cansancio acumulado de tanta lucha en el trabajo y fuera del trabajo, y demasiado ocupados en nuestros quehaceres, dejando para el final de los finales, un mínimo de atención y cariño hacia nuestros hijos.

Un cariño que no derive en capricho, un riesgo muy de estos días. Como no estamos muy por la labor de educar, lo sustituimos, colmando de caprichos que nos sirven para acallar nuestra conciencia. Hay casas, pero muchas de ellas, no son hogares. Se respira tensión, en otras resentimientos varios hacia cualquier parte de la historia, personas o geografía del mundo. Los niños absorben, incluido todo tipo de envidias y complejos, todo aquello que se respira en casa, son esponjas.

Hay gente que no sabe perdonar, o no quiere, y eso lo transmite sin ningún tipo de prejuicio a sus vástagos. Éstos se convierten en prisioneros emocionales de sus padres, ya sea por asuntos del pasado, por separaciones y divorcios donde la variedad es interminable, en definitiva, unos hijos, la mayoría de las veces rehenes del sinsentido de unos padres preocupados solo por su bienestar.

Y todavía, seguía escuchando a esa orientadora explicando, cómo un padre o una madre tenía que educar y tratar a un hijo. Alucinaba, pero esta es la realidad de nuestros días. El hogar es la clave en la educación de unos hijos, el colegio un complemento, importante eso sí, pero un complemento. Sin invertir los términos. Los mayores sabemos distinguir qué niños y jóvenes están bien o no educados, quiénes se comportan de forma correcta, y quiénes de forma irrespetuosa.

El otro día hablaba en una charla a unos alumnos de uno de los muchos colegios que visito, y les decía que cuando entrenaba, lo primero que hacía al llegar a un vestuario era decirles a los jugadores, que más importante que una jugada magistral o espectacular, era el respeto. Sin respeto no existe convivencia.

Cuando terminé el trayecto con mi coche, apagué la radio, y me quedé pensativo. En esta sociedad que va tan rápida, todavía nos seguimos planteando, qué importantes son los padres en la educación de unos hijos, y me sigo preguntando, ¿dónde se perdió el rumbo de esta fundamental prioridad?, ¿dónde?. 

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