Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

Una frase de uno de los grandes deportistas españoles, y del mundo de todos los tiempos. Rafa Nadal, vive una situación nueva para él. Desconoce en profundidad los motivos de sus últimas derrotas. No encuentra su mejor juego, y sobre todo, su fortaleza mental que tanto éxito le ha dado. Está inmerso en esa fase que todo deportista en la última parte de su impresionante carrera, llega rebelándose ante lo que siempre dicta la biología. El tiempo no entiende de grandes campeones. Son dinastías que llegan a su final.

Es algo tan sencillo como la frase de Nadal que encabeza este artículo. Como le ocurrirá al gran dominador actual, Djokovic. A veces nos pasamos los días buscando explicaciones hacia un declive o derrotas que se repiten sin esperarlas. El desgaste de tanta presión, el temor a no ser el de siempre, el bloquearte en momentos que antes superabas y atemorizabas al rival que no veía forma de ganarte. En definitiva, un cúmulo de dudas que te asaltan inexorablemente.

Una de esas dudas que afloran, es si el cambio de entrenador le hubiera ayudado a sortear este actual mal rendimiento. Su entrenador, su tío paternal, ha convivido con el deportista toda su trayectoria. Hace poco decía, qué si no hubiera sido su tío, seguramente lo hubiera destituido. Cosas de familia. Dicho esto, y reconociendo esta adversa situación, Nadal es uno de los más grandes, y solo los grandes deciden cuando se ha terminado la fiesta.

Se me ocurre que este próximo Roland Garros, tendrá un significado especial. No solo porque se expone a intentar alcanzar su décimo campeonato de un torneo, donde ha sido el gran dominador de la historia, sino porque las acusaciones de dopaje (los franceses o algunos de ellos, no han llevado bien nuestros éxitos) que les llegan desde allí, le supone un mayor desafío. Por un lado, medirse de nuevo ante lo inevitable o ser capaz de seguir agrandando su leyenda, y por otro, volver a callar esas bocas hostiles que acusan sin pruebas.

Enfrentarse a todo, otro nuevo reto de un grande.

 

Pinceladas

·      Buenos resultados. Unicaja respira. Sus dos últimas victorias, sobre todo la de liga ACB, le da una inyección de autoestima que era tan necesaria para afrontar un camino venidero que se me antoja tan complejo. Y el Málaga C.F., una victoria que lo acerca a ese objetivo de la permanencia, que se empezaba a cuestionar allá por el mes de noviembre, cuando estaba en posiciones de descenso, y qué gracias a la labor de su entrenador junto a su equipo técnico y jugadores, han sido capaces de darle la vuelta deportivamente a lo que institucionalmente, sí que era de descenso.

·        Aíto. Un merecido homenaje. Esta semana pasada era reconocida su trayectoria de 50 años en primera línea. En el banquillo he tenido grandes diferencias en la competición con él. No siempre jugaba con las mismas armas que los demás, pero las supo emplear. Los aficionados, especialmente de Unicaja, recordarán aquella final del 95, donde salió a relucir una feroz competitividad. Unos primerizos como éramos nosotros, enfrentándonos al todopoderoso Barça, y Aíto lo sabía. En aquel momento, nació una rivalidad que aún perdura contra ese gran rival. Aíto lo ha sido todo en baloncesto, y su legado siempre será recordado. Lo bueno, es que sigue ahí, sentado en un banquillo, un lugar tan común en él, con su estilo que tanta admiración ha causado, y que también sumó detractores. Es lo que tiene una trayectoria única.

·        Sharapova. Su doping ha revolucionado el mundo del deporte. La retirada de algunos de sus patrocinadores, solo es una consecuencia de una mala decisión. A veces, uno se pregunta, si es necesario poner en riesgo lo que tanto cuesta alcanzar. La respuesta es evidente.

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