Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

North Carolina y Villanova, disputarán la final universitaria. Un partido donde se esperan ¡¡¡75.000!!! espectadores. Cifras de record. Más de 5.000 jugadores, 350 equipos universitarios divididos en 32 divisiones. Quedan ellos dos. Un baloncesto en estado puro. Una delicia para los amantes a este apasionante deporte. North Carolina, lugar donde Michael Jordan fue campeón con un tiro suyo, marca de la casa. Villanova, cuna del recordado Jonh Pinone.

Siempre he mirado el baloncesto universitario con gran admiración. Incluso, he deseado formar parte de él. En el 2005, estuve un mes en New York viendo los playoffs de la NBA, y tuve la oportunidad de tener varias conversaciones con la intención de entrenar a alguna universidad. Era mi sueño entonces. Aquí lo había logrado todo, y aquella opción solo de pensarlo, me entusiasmaba. No pudo ser. El baloncesto universitario me atrae mucho más que la NBA. Para un entrenador, es mucho más atractivo desarrollar tus capacidades en ese baloncesto. La figura del entrenador es respetada, casi rozando la devoción, y tu tarea no es sola deportiva, sino formativa. Numerosos jóvenes pasan por sus aulas y por sus canchas. Una planificación cuidada que compatibiliza el estudio con el deporte. Aquellos que tienen verdaderas condiciones para jugar en profesionales, antes tienen que demostrar en su paso por la universidad, todo su talento.

Comprendí que el mercado en USA para jugadores estaba abierto, pero no para el entrenador foráneo. Ellos quieren entrenar a los mejores atletas, sean del lugar que sean, pero solo ellos. Raro es que se interesen por un entrenador europeo. Mi gozo en un pozo. Me hubiera encantado haber podido vivir esa experiencia. Disfrutaré no obstante, viendo la final en medio de ese único ambiente que genera un baloncesto de estas características, el de mis sueños. Aquí lo más parecido es la disputa de la Copa del Rey, donde ocho equipos con sus aficiones cerca, crean un mágico ambiente que solo el baloncesto es capaz de proporcionar. Quién sabe si en otra vida tendré esa oportunidad.

 

Pinceladas

·        Carmen Herrera. La mejor judoca paralímpica de la historia, dice adiós a su carrera. No se veía en condiciones de afrontar sus cuartos Juegos Olímpicos. Triple campeona olímpica y doble campeona del mundo, más multitud de medallas y galardones, dejan un legado muy difícil de alcanzar. En mi período de responsabilidad en la dirección de deportes de la ciudad, tuve la suerte de coincidir con ella. Una mujer sencilla, cercana. Suele ocurrir, cuando te acercas a las grandes de verdad, descubres su grandeza personal. A partir de ahora, comienza una nueva etapa alejada de la alta competición. Seguro que volverá a ser campeona, pero esta vez, lo será de la vida.

·        Javier Fernández. El gran campeón español de Patinaje Artístico, lo volvió a conseguir. Nuevamente campeón del mundo. Impresiona el palmarés de este deportista en una disciplina deportiva no muy practicada por estos lares. Es lo que tienen los genios como él, capaces de aficionar a montones de jóvenes a un bello deporte.

·        Día de la Infancia. No eligieron un buen día algunos jugadores del Málaga y del Español, para dirimir sus diferencias en el terreno de juego. Liarse a mamporros al finalizar el encuentro delante de tanto niño que acude a disfrutar de sus ídolos, no los dejan en buen lugar. Un mal ejemplo y una demostración de incapacidad para aguantar los calentones que provoca la competición. Mamporros en el día de la infancia. En fin.

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