Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

Al parecer, no hay mejor terapia para alguien que descontrola sus formas, que una buena remesa de goles que calmen algunos gestos groseros y maleducados. Es el caso de Luis Enrique, entrenador del Barça. En la reciente historia deportiva del Barça, donde su superioridad ha sido manifiesta, perdía de manera insólita una ventaja que parecía definitiva. Esa pérdida, provocó que el entrenador en las posteriores ruedas de prensa, sacara la “patita” del mal gusto, preso de no saber gestionar tensiones inesperadas. No estaba programado para ello.

Un par de exabruptos contra algún periodista que otro, delataba su inexperiencia en esas situaciones tan estresantes. La demolición del juego del equipo, le hacían vulnerable. Cuando el equipo no gana, ya saben hacia dónde se apuntan las flechas de la crítica. Uno como entrenador que es, sabe de las presiones con las que debes convivir a diario. Entrenar a esos niveles, significa que una parte de tu trabajo es digerir opiniones, críticas, dudas en ocasiones injustas porque desconocen qué ocurre en un vestuario, y sus posteriores consecuencias. Ser capaz de transformar una corriente adversa en un reto apasionante. No está al alcance de todos.

Luis Enrique se vio acorralado preso de los malos resultados, y se defendió torpemente, contraatacando, no al rival de turno, sino a un par de periodistas, víctimas de sus preguntas. Deben estar de moda estas poses, Pablo Iglesias de Podemos, también se recreó despreciando a un periodista ante su corte de aduladores. No se sienten cómodos con preguntas incómodas, y sacan a pasear el desprecio, la intolerancia, y la mala educación.

En el caso de Luis Enrique, 14 goles en dos partidos, han servido de bálsamo para que el hombre se calme, y vuelva al raciocinio. Pero es verdad que ya nos ha mostrado el lado oscuro de su personalidad, aquella que en la máxima presión se achica y saca lo peor. Quedan tres partidos para saber quién será el campeón de liga. En medio, unas semifinales de Champions con todo el desgaste físico y psíquico que ello supone, pero bendito desgaste. Unas semanas para conocer reacciones en función de las victorias o derrotas. Tal vez para entonces, al margen de resultados, Luis Enrique haya aprendido la lección de relajar su soberbia.

 

Pinceladas

·        Manolo Rincón. Raro es el día que no vemos alguna noticia deportiva relacionada con Clínicas Rincón: baloncesto, balonmano, bicicleta, y no sé qué más. Su impulsor, un hombre, un empresario, Manolo Rincón que habría que levantarle algún monumento por algún lugar, o sustituir la glorieta del jeque por su nombre, lo merece más. Un verdadero mecenas del deporte. Mucho deporte modesto, le debe a él su supervivencia. Ese deporte que tantas veces pasa desapercibido, pero qué sin ayudas como las de este señor, sería imposible sobrevivir. Amigo de sus amigos, mi admiración y reconocimiento.

·        Playoffs NBA. Varios partidos ya disputados. Estas eliminatorias cuando llegan su momento, parecen más, una oportunidad para saldar viejas cuentas acumuladas durante toda la temporada entre pandillas, que entre equipos. Partidos donde el talento, la estrategia e intensidad deben alcanzar su grado máximo. No falta el día, donde alguna agresión o amago de la misma hacen acto de presencia. No conviertan estos playoffs en una especie de pressing catch, y jueguen a baloncesto.

·        Nadal vuelve otra vez. Desconozco lo difícil en una trayectoria única, saber qué título le supo mejor, pero apuesto que su triunfo en Montecarlo, representó una liberación a tanta angustia acumulada. No me quedan ya más sombreros para descubrirme ante un grande de los grandes. 

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