Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

La liga de fútbol acaba de echar su telón final. Tras muchos meses de competición dura y exigente, el Málaga cerraba brillantemente su paso por ella. Un final que ha tenido como particularidad la presencia del jeque. Un jeque que cometió la imprudencia de saltar al césped con los jugadores para recibir con ellos una merecida ovación de despedida, y se encontró con una pitada de esas que no se olvidan.

Desconozco qué esperaba. Al parecer aún no se ha dado cuenta que el aficionado del Málaga es maduro en contraste con su inmadurez. A la inestabilidad que promueve permanentemente en los despachos con salida y entrada de responsables, se le une su falta de proyecto y sus continuos desarmes del equipo con la venta de jugadores destacados.

Añadir a ello, sus continuos amagos que desacreditan sus verdaderas intenciones sobre sus proyectos empresariales fuera del club. Insisto, no sé qué buscaba bajando al césped, pero tal vez se encontró lo que siente una afición que al principio proyectó en él a un verdadero líder que haría del Málaga uno de los mejores, y ha ido finalmente, descubriendo sus incoherencias.

Quien sí merece un prolongado reconocimiento es su entrenador Javier Gracia. Tuvo que gestionar una situación límite deportiva e institucional, y lo ha hecho extraordinariamente bien. Un octavo puesto es un número destacado para un equipo que no estaba diseñado para esos menesteres, pero detrás de ese número, ese puesto, es cómo lo ha conseguido. Seriedad, sin aspavientos, sin añadir más tensión de la que ya vivían por una cadena de decisiones que desestabilizaron al club, además de la enésima venta de jugadores que nuevamente provocaban, la enésima reconstrucción del grupo. Una solvencia deportiva que alcanzó resultados inesperados, un liderazgo que desde la discreción guio al equipo hacia la brillantez final.

Imagino que ahora andará de reflexión. Creo que todos lo entenderíamos, continuar o no. El pilar fundamental del club, sobre donde han descansado los vaivenes de una propiedad inestable, se merece un proyecto para creer y crecer. Las manifestaciones del jeque, como siempre a través de twitter, no debe tener otra forma de comunicarse, prometiendo un Málaga más fuerte, suenan a vacío. Lo único que se espera de él, es que haga y no diga, entonces lo valoraremos. El entrenador también se enfrentará a esta tesitura, ¿creer al jeque otra vez? Eso tiene fácil respuesta.

Brillante temporada del Málaga a pesar de los malos augurios iniciales. Un gran entrenador, su guía en fase de reflexión, y un jeque anhelando cariño de una afición cansada de sus medias verdades. Ahora se inicia una parte básica en los éxitos de un equipo, pero que suele ser la más ignorada, la postemporada, el momento de hacer balance y sentar las bases del nuevo año. Las decisiones de ahora condicionarán los resultados de mañana. La más importante, resolver la continuidad de su entrenador. Veremos.

 

 

Pinceladas

·        Unicaja. Partido ensayo de playoff contra el Valencia. Algunos jugadores como el caso de Nedovic, queriéndose reivindicar en la parte final de la temporada. Un vestuario qué al parecer, no se conforma. Una victoria que puede abrir una oportunidad en los cuartos de final, y plantarse en unas semifinales, lugar natural de un Unicaja tras un irregular curso. Soñar es gratis, pero este sueño tiene buen aspecto, tras la superioridad sobre un rival que fue líder muchas jornadas. Que sea el Valencia, si pudiéramos elegir rival.

·       Camacho. El emblemático jugador del Málaga, será otro de los nombres propios destacados en estos tiempos. Su continuidad, una incógnita. Otra de las decisiones importantes a tomar en estos momentos. Una referencia de cómo será el próximo equipo.

·       Amaños. Ya saben que esto de los amaños de partidos, maletines varios primando terceros equipos, suele ser un clásico en el tramo final de la competición futbolística. Pero no por ello, deja de sonrojar la cantidad de golfos que pululan por ese deporte. Y lo peor, es que no se vislumbra una solución. El fútbol es un deporte que da grandes titulares, pero también acoge a desaprensivos que se aprovechan del enorme negocio que representa.

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