Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

Confieso que pensaba que esta vez el Atlético de Madrid ganaba la Champions. Dejar en la cuneta a equipos como el Bayern Munich y Barça, más la consistencia en el talento y esfuerzo que vienen demostrando desde que Simeone aterrizó en ese banquillo, me hacía ver que ésta vez sí. Aún recuerdo aquella final de 1974, cuando un tiro lejano se coló en la portería de Miguel Reina, cuando quedaban apenas unos minutos para que el Atlético se proclamara por primera vez, campeón de Europa, o la penúltima perdiendo ante el Madrid en la prórroga. Y ahora, perdiendo en los penaltis. Una especie de maldición.
Simeone manifestaba tras el partido, su frustración de comprobar qué en dos finales de Champions, dos derrotas las consideraba un fracaso. Deslizaba que si bien, fueron dos derrotas en prórroga y penaltis, sentía un vacío de no dar más de sí para alcanzar esa gloria negada. Unas declaraciones que hacían ver que iniciaba un período de reflexión que incluía su continuidad en el equipo. Al dolor por la derrota, se unían sus dudas sobre su futuro inmediato.
Simeone es un dios para la parroquia colchonera. Su estilo de intensidad permanente acompañada de una estrategia que ha revalorizado a todos sus jugadores, su comunión con una afición que lo idolatra, su mentalidad competitiva hasta la extenuación. Su deseo de superar a los dos grandes de siempre sin tener por asomo los mismos medios, han marcado una brillante época en un club que andaba estigmatizado en la desgracia. Han obtenido títulos, pero no la Champions a pesar de sus intentos, y esto le ha pasado factura. Quería cambiar el rumbo de la historia, pero le sobró una prórroga o un penalti. Una nada, estar en esa situación, pero no poder culminarla. Demasiada crueldad, pero el deporte a ese nivel es así. Un detalle, una acción afortunada o desgraciada, te da un título o te lo quita. La gloria o algunos dirán, que pasabas por allí, como si nada.
Será interesante observar la evolución del pensamiento de Simeone estos próximos días. El club y la afición, podrían vivir una auténtica depresión, la maldita derrota y la salida de su principal icono, quién le da sentido a esa institución. Pero también entiendo al entrenador. Ha estrujado todas sus capacidades, y hasta ahí ha llegado, que es mucho pero insuficiente para él. Y no es una cuestión de que le pongan por delante proyectos como les ponen a entrenadores como Guardiola o Mourinho, algo así como “barra libre”, sino el vacío producido por la derrota en un entrenador ganador, y ese vacío no lo llena sentarse en otro banquillo, sino encontrar motivaciones que te hagan seguir luchando por superarte. Y Simeone, está en esa búsqueda.

Pinceladas


-  Undécima. El mejor palmarés del mejor club del mundo. Felicidades a todo el madridismo.

-  Adiós de Javier Gracia. Se va un entrenador que ha dejado huella. Ya saben, algunos dejan huella, y otros pisotones. Venía de un descenso, y eso le condenaba en algunos foros a vivir bajo sospecha. Da la impresión qué para algunos, perder no está dentro de su diccionario, básicamente aquellos que ni siquiera saben lo que es competir. Dos temporadas haciendo filigranas tácticas con un equipo que creyó en su entrenador desde el principio, despejaron dudas. No lo ha tenido fácil, una propiedad, la de un jeque inestable en su fondo y formas, dificultaban cualquier atisbo de sensatez, pero las ha superado, y con nota. Una mega oferta de tierras lejanas, de esas que son imposibles de rechazar, le han llevado a iniciar una nueva etapa, lejos de un lugar que ya consideraba su casa. Suerte en su nuevo camino, la merece.

- Ascenso histórico. Permítanme reflejar mi alegría por el ascenso del Melilla baloncesto a la ACB. Una ciudad, mi cuna, entre las mejores del país en este deporte que tanto amo. Las condiciones anacrónicas que la ACB imponen para su acceso, diluyen los méritos deportivos. Imposibilitan un sueño. Estoy seguro que lucharán por alcanzar ese derecho que las canchas le han concedido. Enhorabuena.

 

Tags: