Enviado por Javier Imbroda en

Melilla es equipo ACB. Un lugar solo para los elegidos del máximo esfuerzo. Viví emocionado desde la distancia esta hazaña. Me hizo revivir sensaciones pasadas, y me hizo recordar de dónde vengo, algo que nunca olvido. Aquella Melilla donde me crie, tenía como cancha principal de baloncesto, la añorada “Bandera de Marruecos”, qué pasado el tiempo, aún ignoro el porqué del nombre. Una cancha donde disfrutamos de intensas mañanas y tardes de baloncesto, hasta que un día cogí dos bolsas de deporte como único patrimonio, y me trasladé a Málaga para iniciar una aventura llena de incertidumbres, pero esa es otra historia. Recuerdos que se fueron acumulando, conforme asimilaba que mi ciudad se hacía un hueco entre los grandes. 
Lo que el equipo ha conseguido, liderado por un melillense, Alejandro Alcoba, ha sido algo más que un ascenso deportivo. Con el talento y esfuerzo de todo un equipo, y los recursos limitados que una ciudad como Melilla puede ofrecer, han alcanzado no solo un éxito deportivo, sino un sentimiento de orgullo melillense. Pertenecer a la élite deportiva española, solo trae beneficios a la ciudad. Háganse una idea, cuando organizamos la Copa del Rey de la ACB en Málaga, por cada euro que se empleó, su retorno fue de cinco. Poner aún más en el mapa, el nombre de Melilla. Un nombre muchas veces maltratado, demasiadas veces.
Imagino que esas mismas cámaras que denuncian una valla que nos contempla, y no sé cuántas cosas más, estarían presentes en la Plaza de las Cuatro Culturas, viviendo la alegría inmensa de cientos de melillenses por un hecho histórico, o en el recibimiento del equipo y actos posteriores. Supongo que lo harían con el mismo énfasis con que a veces denigran tan ligeramente, nuestra compleja situación geográfica. Como si fuera fácil gestionarlo.
No era festejar los triunfos del Madrid, del Barça o de la Selección Española, no. Era festejar nuestro triunfo, el de Melilla, algo muy grande que identifica no solo a los aficionados a este apasionante deporte, sino a todos los ciudadanos, pues el equipo representa a toda una ciudad, y la coloca entre los mejores del país. Un triunfo que además, servirá de inspiración y contagiará esa mentalidad competitiva al resto de deportes.
Ahora toca gestionar una difícil doble situación, una económica, y otra deportiva. Las condiciones anacrónicas que una entidad como la ACB tiene establecidas en su vertiente económica, dificultan o casi impiden el acceso a esta competición. Una tarea ardua que llevará a sentarse en la mesa de negociaciones de la ACB, para buscar fórmulas razonables que permitan cumplir este sueño. Y otra deportiva una vez que se alcanzara la viabilidad económica, mis 17 temporadas y más de 600 partidos en ACB, me dan margen para expresar lo difícil que sería la lucha por la permanencia. Una enorme dificultad, como enorme sería la ilusión para superarlo.
Por último, comentaba por twitter esa noche mágica del ascenso, mi felicidad y emoción porque alguien de mi familia, siguiera mis pasos. Alejandro Alcoba, ha hecho un trabajo impresionante, un melillense profeta en su tierra. Nada fácil. Lo recuerdo yendo a mis campus de niño y luego de entrenador ayudándome a coordinar todas las actividades. Hoy, es entrenador ACB. Melilla se merecía una alegría como ésta, bienvenida sea.

 

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