Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

Su nombre de esclavo. Muhammad Alí, su nombre de hombre libre. Se fue a los 74 años el boxeador más grande de todos los tiempos. Un boxeador fuera de su tiempo. Lo recuerdo aún en aquella televisión de blanco y negro, imposible olvidarlo. Ahora tras su muerte, he vuelto a rememorar algunos pasajes de su trayectoria, simplemente impresionante. No he sido un gran aficionado a este deporte, pero con mi padre de pequeño veíamos a los grandes boxeadores españoles del momento, y por supuesto del Cassius Clay al Muhammad Alí de entonces. Dominante dentro y fuera del cuadrilátero, no fue un boxeador más. Su trascendencia fuera del ring, su liderazgo, revolucionó una sociedad norteamericana de aquella época ultra conservadora, donde los negros luchaban para equiparar unos derechos pisoteados que el poder establecido negaba.

Su conversión al islam en contra del sentir de su madre, su hostilidad, y a veces odio permanente al hombre blanco que lo tachaba de demonio, su negación a ir a la guerra del Vietnam, manifestándose objetor de conciencia, posición que le supuso ser considerado traidor a la patria, y amenazado con ir a la cárcel, amenaza que finalmente no se llevó a cabo. Sus constantes salidas de tono envueltas en una arrogancia medida, lo hacían a veces genio, y otras bocazas. Pero cuando subía al ring, nadie cuestionaba su dominio, su grandeza.

La historia de este deporte, deja reservado un lugar privilegiado a muchos de sus combates. Sus duelos con Foreman, Frazier, Liston,…, perdurarán en la memoria de tantos aficionados, y no tan aficionados al boxeo. Un enorme campeón.

Su lucha posterior contra el Parkinson, lo mantuvo maltrecho durante muchos años. Su retirada por esa maldita enfermedad, fue apagando esa energía innata. Apariciones puntuales, su mensaje era escuchado y respetado. El reconocimiento posterior de todo un pueblo y de toda la comunidad internacional a su figura, se vio reflejada en una situación única, cuando encendió el pebetero olímpico en Atlanta’96. Su majestuosa presencia con la antorcha olímpica en unas manos temblorosas que le provocaba la enfermedad, fue uno de esos momentos históricos que siempre se recordarán, y que trataban de hacerle justicia. Esa justicia tardó, pero el reconocimiento siempre lo tuvo.

Cassius Clay, Muhammad Alí, dos personalidades diferentes dentro de la misma persona. Un dios en el Olimpo de los dioses deportivos. Descanse en paz.

 

Pinceladas

·        ¿Continuidad forzada? La postemporada, esa época menos visible de un club, pero trascendental a la hora de evaluar el rendimiento para tomar las decisiones adecuadas que ayuden a construir un equipo competitivo, no ha podido empezar de una forma más inestable en Unicaja. Para empezar, se avecina la enésima reconstrucción. Al parecer, debe ser algo vocacional. No hay postemporada donde aficionados y periodistas, tengan que hacer un ejercicio de conocimiento del mercado para dilucidar quiénes vestirán esta vez la camiseta verde. Pero lo más delicado del asunto, no es saber cuántos jugadores vendrán, y aprenderse otros nombres, sino la posición del entrenador Joan Plaza. Quién ilusionó en las dos temporadas anteriores, sufrió una tercera decepcionante. Nada nuevo bajo el sol, la alta competición tiene estos desniveles. No siempre se acierta, no siempre se gana, y ello ha generado desencuentro. No es lo mismo una continuidad forzada que una continuidad deseada. No es buen síntoma empezar a construir un equipo con el entrenador desubicado que mira de reojo la fecha del 10 de julio o antes de esa fecha, como posible liberación. Los gestores tienen la palabra.

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