Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, decía el recordado Di Stéfano. Desconozco si Cristiano Ronaldo leyó o escuchó alguna vez esta frase, o si la escuchó, la entendió. No le vendría nada mal que alguien en caso de no saberlo, se la trasladara con cierta urgencia, aún está a tiempo. La grandeza que tiene como jugador, se diluye con algunas de sus declaraciones sometidas a un narcisismo que roza la parodia.

En contraste, el gran Iniesta, no mete goles que superan marcas estratosféricas como las del luso, pero da pases para que otros los metan, o mete el gol que nos hizo campeones del mundo, o nos hace disfrutar con su mágico juego que parece de play station (que no tenga el “Balón de Oro”, es algo digno de estudio). Que demuestra naturalidad en sus comentarios, y que antepone al equipo a su rendimiento individual. Sin aspavientos, tranquilo.

Simboliza el éxito de nuestra selección, comportarse como un equipo, y no como una suma de jugadores. Además del juego brillante desplegado, y con la clasificación en el bolsillo, uno de los síntomas del buen estado de salud emocional del equipo, es la actitud del banquillo. Fíjense en ello, de la misma forma, fíjense de cómo viven y sienten los partidos, los banquillos en baloncesto, un juego mucho más intenso que el fútbol. Delatan buen ambiente, complicidad, admiración, o lo contrario, desidia, caras largas, o como se dice ahora tanto, mal rollo.

Un banquillo está formado por jugadores que quieren jugar. Esta perogrullada oculta que todos se creen superiores a los que están por delante de ellos. Unos creen que es una injusticia la que se está cometiendo con ellos, otros no entienden las decisiones del entrenador, y todo ello provoca malestar. Un malestar que trasciende a los medios de comunicación, ávidos de polémicas. Un banquillo que no disfruta ni con el juego de sus compañeros, ni con los resultados. No se sienten partícipes del éxito y, sí ajenos al fracaso. Un porcentaje muy elevado de equipos sufren esta situación, si no se sabe gestionar.

Observen la actitud del banquillo español, y sobre todo, la actitud de un hombre como Casillas, uno de los mejores deportistas españoles de la historia, y del mundo del fútbol. Si un deportista como él, ganador absolutamente de todo, acostumbrado a estar en primera línea, se adapta a una situación atípica acorde a su trayectoria, ¿quién es el guapo que pueda hacer un comentario mínimamente crítico de su suplencia? Casillas, un gran capitán, tirando de galones desde el banquillo. Mi gran aplauso. Una demostración de saber estar, y de saber ceder el protagonismo a quién será su heredero, De Gea.

No es nada fácil para estrellas como Casillas, dar un paso al lado, y dejar entrada al siguiente, sin que se resienta el estado de ánimo del grupo. Nada fácil. Reflejan una mentalidad colectiva muy por encima de lo individual, aunque lo individual sea para muchos, equivocadamente, lo prioritario ¿Se imaginan a Cristiano Ronaldo haciendo lo mismo en la misma situación? Imposible, sería una auténtica bomba de relojería dentro del equipo. Pues esas diferencias, son las que marcan a los equipos en campeonatos cortos como una Eurocopa, competiciones de dos o tres semanas, aspirar a ganarla o a quedarte una vez más en el camino.

No quiero olvidarme de la labor de Del Bosque, nuestro seleccionador, el liderazgo tranquilo que ejerce, transmite respeto dentro del equipo. Todos reman en la misma dirección. Liderazgo sobre el césped y en el banquillo. Nuestra selección podrá o no ganar este campeonato, pero si existe la opción de lograrlo, sólo este camino les puede conducir a ello.

 

Pinceladas

·        Cantera Unicaja. Ayer Juan Calderón, escribía sobre su cantera, y se lamentaba de la falta de modelo que reina en el club. Nada nuevo bajo el sol. Unicaja me recuerda a la frase aquella de Groucho Marx que trasladada a este caso sería, “tengo este modelo, pero si no le gustan, tengo otros”. El modelo de Unicaja es la ausencia de modelo. Su presidente, Eduardo García, a pesar de ser un hombre del baloncesto, no parece haber acertado por asentar un modelo que se aleje de los vaivenes propios de la competición. Unicaja solo tiene dinero, pero ni tiene modelo, ni alma.

Tags: