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Artículo publicado en Diario Málaga HOY

La Fundación Javier Imbroda arranca por tercer año su Escuela de Valores, un espacio para acompañar en su aprendizaje a 130 niños de Primaria y ESO.

A continuación, transcribimos el artículo publicado en el diario malagueño, tras la visita realizada por este medio de comunicación a nuestras instalaciones de la Fundación.

"Me ayudan con los deberes y eso me encanta, en casa los tengo que hacer solo pero aquí hay profesores a los que puedo preguntar", dice Jairo, de 11 años. Cursa 6º de Primaria en el CEIP Pablo Ruiz Picasso y asiste lunes y viernes a la Escuela de Valores de la Fundación Javier Imbroda. En junio suspendió cuatro asignaturas, "las más importantes", confiesa y asegura que eso se debió a que "era muy vago, no hacía nada". Pero este año, Jairo ha cogido el curso con ganas y está dispuesto a aplicarse. Junto a sus compañeros acaba de iniciar su tercer año de refuerzo educativo en esta fundación que acompaña en su aprendizaje a 130 niños y jóvenes derivados por los Servicios Sociales del Distrito Centro. Más de un 70% de ellos están en riesgo de exclusión.

Álvaro de la Morena es el pedagogo de la fundación que preside el entrenador de baloncesto Javier Imbroda. Junto a él una maestra de Infantil, otra de Primaria y Germi Cabrita, coordinador de la escuela y especialista en Educación Física, atienden a los chicos de la escuela de 17:00 a 20:00. Se dividen en dos grupos, uno de Primaria y otro de Secundaria. Los primeros acuden lunes y viernes y los segundos martes y jueves. "Los niños vienen de la zona de La Trinidad, Perchel norte y sur, casco histórico, Cruz Verde, Olletas... Y son familias con necesidades económicas y sociales", explica De la Morena y asegura que hay lista de espera para este curso, el tercero desde que se puso en marcha este recurso que recibe financiación del programa Caixa Proinfancia.

Las tardes comienzan con una hora de refuerzo. En ese tiempo suelen hacer los deberes que traen de clase o estudiar para algún examen. Preguntan sus dudas y trabajan bajo la atenta mirada de sus docentes. Luego llega la hora de la merienda, ofrecida por La Canasta. El menú no lleva dulces o bollería, aprenden a comer sano con un bocadillo, un zumo, agua y una pieza de fruta. A las 18:15 comienzan los talleres de debate. "Comentaremos noticias de actualidad, hechos personales que les han ocurrido y recursos que tenemos para hablar de algún valor, para que la voz de los niños se escuche", dice el pedagogo, que también es investigador en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga. "A veces creemos que no tienen nada que decir pero ellos saben perfectamente lo que quieren", agrega De la Morena.

Uno de los objetivos de la escuela es intentar que alcancen, al menos, a los objetivos mínimos que marca cada nivel escolar. El otro, "adaptarnos a las necesidades individuales de cada uno, intentar que salgan de aquí siendo personas cívicas, morales, que sepan lo que tienen que hacer, que no les venga grande la sociedad en la que viven", explica el pedagogo. Germi Cabrita, coordinador y profesor de la escuela, también destaca el deporte como elemento diferenciador de este acompañamiento de tarde. "Queremos aportar hábitos de vida saludable y uno de los principales baluartes para nosotros es el deporte", dice el docente, que les ayuda con sus "problemas de Inglés", uno de los huesos más duros de roer para estos alumnos.

Desde unos 15 colegios del distrito llegan estos niños, a los que les hacen un seguimiento del progreso en su centro escolar. Para muchos, el progreso se cuece a fuego lento. "He repetido curso", confiesa María, de 8 años, que quiere estudiar más este año y que le encanta venir a la escuela también por su faceta deportiva. "Me gusta la gimnasia rítmica", explica esta niña que aspira a ser profesora de Infantil. Naiara también es repetidora. Ha vuelto a 5º de Primaria. "Las matemáticas es lo que más me cuestan", asegura. "No hacía los deberes porque me aburría, aunque ahora ya sí los hago", dice y confía en aprobarlas todas. Igual que su compañera Ainhoa que, si se esfuerza, pasará al instituto para continuar su formación. Y allí estará la Fundación Javier Imbroda para seguir de cerca sus pasos en ese difícil camino hacia el éxito personal. 

Autoría del artículo: Cristina Fernández

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