Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

Les invito a soñar. Unicaja y su afición se han ganado ese derecho. Los derechos se ganan, no se dan o regalan. Si se dan sin esfuerzo, no se valora. Tercer partido de la final. Valencia, su pabellón Fuente de San Luis, no cabe un alma. Todos quieren ver levantar el trofeo de campeones, no se lo quieren perder, un día histórico, un campeonato histórico. Un invitado incómodo, muy incómodo, Unicaja. Nadie se fía de ellos, ya han avisado de sus intenciones, no están dispuestos a ser el equipo útil de su éxito. Quieren el suyo propio.

Alberto Díaz comanda el sueño. Se doctoró en casa, tiene esa comunión con la afición que tienen esos jugadores que vienen de abajo, humildes, sin tonterías en la cabeza. Parece, o tal vez sea el más maduro del grupo a pesar de su juventud. Maneja el ritmo de juego que más conviene a su equipo. Sabe que la presión de la afición valenciana con el efecto intimidador sobre el arbitraje, más el alto nivel de intensidad defensivo de Valencia, hará casi irrespirable su dirección. Lo sabe, y sabe que su madurez temprana, se verá sometida a una prueba que solo unos pocos son capaces de superar a ese nivel. Pero lo sabe y lo quiere.

El juego exterior de Unicaja, tiene suficientes argumentos para ser una amenaza constante para la defensa contraria. Nedovic no está. Sus problemas físicos no le dejan, pero sabe que es una final y ayudará al equipo todo lo que pueda. No es momento para que los egos se pongan por delante del interés colectivo. Es una final. La gente se acuerda de su título ganado, no de un jugador concreto. Jamar Smith dio todo un cursillo de formas de anotar. Con Nedovic maltrecho, el foco defensivo valenciano le apuntará. La defensa sobre sus exteriores está siendo muy efectiva. Dejar a Rafa Martínez y San Emeterio en una producción testimonial, lo atestigua. Estos jugadores saben que su rendimiento en la final está siendo deficiente. La presión que se pongan ellos, determinará una parte importante del resultado final. Unicaja también lo sabe, y estarán preparados.

El juego interior lo marcará Dubljevic con alguna aparición desde la línea de tres que tanto daño hizo en el primer partido. Omic hecho un jabato. El objetivo, sea él u otro, es tratar de defenderlo por delante para incomodar ese pase interior. Unicaja sabe que volverán a la carga, que las faltas pueden caer en esa disputa por la posición, ¿habrá plan “B” por si acaso?

Los banquillos, esa batalla psicológica. Pedro Martínez al que conozco hace un montón de años, se encuentra ante una oportunidad fantástica de ganar un título. Lo ganó hace 27 años, una Korac, si mis compañeros de SUR no me corrigen. Fue debutando con el Juventud, muy joven. Creo que el mayor título de Pedro, es entrenar tanto tiempo en la élite, impresionante. Ahora tiene otro título europeo a su alcance. Esto hará sin duda que la presión aumente, gestionarla será su lucha. Plaza llega más entero a este tercer partido, más seguro. Está más entrenado en este tipo de partidos que su rival. Será una baza fundamental cómo transmita esa tensión a sus jugadores. Una tensión competitiva, solo centrada en el juego y sus circunstancias ambientales, para lo que también hay que estar mentalizados.

Soñar es legítimo, y más cuando tienes argumentos sólidos para ello. Cuando se está en la élite, uno sueña encontrarse en esa situación. Se lucha cada palmo de la cancha por llegar a una final y ganarla. Unicaja ha llegado, y no solo quiere disputarla, la quiere ganar.

 

Pinceladas

* Málaga C.F. Ya saben lo que hemos comentado en estas líneas anteriormente. Demasiado tiempo sin noticias del equipo. Si no vuelven, se salvarán más por fallos de los demás que de aciertos propios. Si es así, luego no se quejen, se lo están ganando a pulso.

* El jeque. Nuevamente “nuestro jeque” amenaza de nuevo con no volver más, por un incidente que tuvo con la policía a la que acusó de racista. En fin, un absurdo episodio más de la demostración de inmadurez de un dirigente que al parecer solo tiene dinero, y de esto tampoco estoy muy seguro.

 

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