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Artículo en "El Confidencial". Autor: Darío Ojeda

Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fueron una pesadilla para el baloncesto español. Los aficionados que acudieron durante dos semanas al Pabellón Olímpico de Badalona disfrutaron del “Dream Team”el mejor equipo que jamás ha pisado una cancha, pero también sufrieron con el fracaso de la selección. España no pasó de la primera fase y acabó novena después de protagonizar momentos tan deshonrosos como el 'angolazo”,  una derrota de 20 puntos  ante Angola que marcó el punto más bajo de un equipo que por entonces poco tenía que ver con el que unos años antes había enganchado a toda una generación.

Pero no todo fue tan negativo. Hubo un entrenador español que vivió en Barcelona una de las mejores experiencias de su vida. Javier Imbroda (Melilla, 1961), entrenador por entonces del Mayoral Maristas y luego técnico de UnicajaReal Madrid o la selección española, entre otros equipos, fue asistente en Lituania durante aquellos Juegos. Ganó una medalla en casa, pero no con el equipo local. "Fue una sensación extraña, sin duda", recuerda en una charla telefónica con El Confidencial en la que repasa aquel episodio. "Cuando supuso más extrañeza fue cuando desfilé con la delegación lituana. Después vi salir al entonces Príncipe Felipe con la bandera española y tuve una sensación única y extraña. En Sídney, donde fui segundo de Lolo (Sainz), sí desfilé con la delegación española. Fue como resarcirme", cuenta.

Todo comenzó en Torremolinos

¿Cómo acabó un técnico de Melilla entrenando a Lituania en unos Juegos Olímpicos? "Todo empieza porque Valdemaras Homicius y Arvydas Sabonis tienen casa en Torremolinos", recuerda Imbroda. "Cuando fichan por el Forum (Valladolid), deciden a través de amigos comprarse una casa y establecer allí su residencia. Ellos iban y venían. Cuando llegaba el verano, me pedían entrenar con mi equipo para mantenerse en forma, fundamentalmente Homicius. Venían a entrenar, y también participaron en algún campus que organizaba en Marbella a principios de los 90. Y en un momento determinado me preguntaron si estaría dispuesto a prepararlos para la Olimpiada".

"Mi primera reacción es que se estaban quedando conmigo", continúa Imbroda. "Yo era un entrenador joven del que se empezaba a hablar. Estaba en el Mayoral Maristas, donde habíamos hecho algo diferente. Era un colegio que llegó a la ACB. Mi nombre empezaba a rondar, pero no esperaba esa responsabilidad. Lo que en un principio comenzó como una anécdota fue cogiendo cuerpo, y un comisionado del Comité Olímpico Lituano se desplazó a Málaga para sentarse conmigo y plantearme la opción de entrenar a su selección".

"Me encontré un país destrozado"

Hace 25 años, por estas fechas, Imbroda viajó a Lituania tras acabar temporada con el Mayoral Maristas. Allí se encontró "un país destrozado" que acababa de lograr la independencia tras cinco décadas de dominio soviético. "Fundamentalmente estuve en Kaunas. No había nada, las tiendas estaban vacías, la comida era muy repetitiva... El estado de la sociedad se refleja en todos los órdenes, imagínate en el baloncesto. La primera vez que me llevaron a un partido de la primera división, era en un pabellón peor que el de un colegio", explica el técnico, al que lo jugadores llamaban Javieras Imbrodas (no recuerda quién fue el primero que le llamó así).

"Estuve unos dos meses viviendo allí. Lo único que podíamos hacer era entrenarnos con los medios que teníamos, que eran muy pocos. El autobús que nos llevaba y nos traía era una tartana, el hotel era muy modesto... Los jugadores más señalados me pedían perdón, pero eso era lo que había, no tenían más. Los jugadores llevaban los balones porque la federación no tenía. Yo desde el primer momento me adapté y fui uno más. No me puse tiquismiquis ni puse justificaciones", dice. "Me encontré mucha ilusión, sobre todo en los jugadores de la selección, porque era una oportunidad de mostrarse al mundo, de decir que Lituania existía. Fue un país maltratado por la URSS, y tenía una oportunidad de darse a conocer a través del baloncesto. Tenían figuras internacionales: Sabonis, Marciulionis, Homicius, Kurtinaitis... gente muy potente".

Un cuerpo técnico muy extraño

Una prueba de que aquel equipo se levantaba casi de manera exclusiva sobre jugadores fue la formación del cuerpo técnico, una rara mezcla de veteranía y juventud por un lado y tradición y vanguardia por otro. El entrenador principal era el veterano Vladas Garastas (60 años), que había dirigido al Zalgiris y también a la selección soviética entre 1989 y 1991. Sus ayudantes eran Javier Imbroda y Donnie Nelson, ambos recomendados por los jugadores. El español había llegado a la selección de la mano de Homicius y Sabonis y el estadounidense, gracias a Sarunas Marciulionis. "Fue una petición de los jugadores y la federación y él (Garastas) tuvieron que aceptar", dice Imbroda, que califica al técnico lituano como "muy hermético". Pese a las evidentes diferencias, la fórmula funcionó. "Procurábamos respetar el espacio de los demás", señala Imbroda.

Aunque tenían casi la misma edad (Imbroda era un año mayor), entre los dos ayudantes también grandes diferencias. Para empezar, su procedencia. En aquella época el baloncesto norteamericano y el europeo estaban mucho más lejos que ahora. Imbroda se había hecho un nombre en el modesto Maristas, con el que ascendió a la ACB y se mantuvo cuatro temporadas. Nelson, en cambio, había crecido a la sombra de su padre, Don Nelson, uno de los grandes entrenadores de la NBA. En 1992 era su ayudante en los Warriors, equipo en el que jugaba Marciulionis.

Grateful Dead y Melilla

La relación de Donnie Nelson con el jugador lituano se remontaba a 1985, cuando el primero aterrizó en Vilnius (Lituania) en una gira por Europa del Este con un equipo de jugadores cristianos. Le tocó enfrentarse a Marciulionis, y a su vuelta a Estados Unidos lo recomendó a los Warriors, que lo seleccionaron en el 'draft' de 1987. A partir de ahí comenzó una odisea para contratarle, debido a las estrictas normas soviéticas y al intento de otro equipo, que no terminó hasta 1989, cuando se convirtió en el primer soviético en firmar un contrato en la NBA.

De aquella amistad se benefició la selección no solo en el aspecto deportivo, también en el económico. A través de Nelson, Marciulionis, que buscaba fondos para ayudar a su país y a la selección, conoció a los Grateful Dead. Los componentes del grupo de 'rock' empatizaron con la situación lituana y decidieron ayudar a Marciulionis: donaron una importante cantidad de dinero y encargaron a su diseñador las camisetas que luego vistió el equipo durante la ceremonia de medallas en los Juegos. Si aquel equipo era un símbolo del renacer de un país, aquellas camisetas de diseño lisérgico se convirtieron a su vez en símbolo de todo eso. Y además fueron un éxito de ventas.

Imbroda también fue clave para conseguir dinero, a través de sus contactos con el Ayuntamiento de Melilla. "Les dije que había una oportunidad. Ellos lo vieron como una opción de publicitarse en una selección que estaba llamada a hacer cosas importantes. Aportaron unos recursos y el equipo visitó Melilla para jugar un torneo o un partido, ya no me acuerdo. Quiero subrayar que en aquel momento mi hermano no estaba de presidente de la Ciudad de Melilla", apunta Imbroda, que no recuerda cuánto dinero puso el ayuntamiento. Un artículo de 'El País' de julio de 1992 cifraba el patrocinio en 25 millones de pesetas.

Un punto por cada año de ocupación

Para participar en los Juegos, Lituania primero tenía que clasificarse. Aparte de España, anfitrión, los otros cuatro representantes europeos se decidieron en un torneo preolímpico  celebrado al comienzo del verano en BilbaoGranadaMurciaBadajoz y Zaragoza. Cada una de las cuatro primeras ciudades acogió un grupo de seis selecciones, para un total de 24 equipos con lo mejor del baloncesto europeo salvo Yugoslavia, excluida de las competiciones internacionales por la guerra. Los dos primeros de cada grupo se clasificaban para la fase final en la capital aragonesa.

A Lituania le tocó jugar en Badajoz y compartir grupo con la Unión Soviética. O lo que quedaba de ella, par ser exactos. Después de la disolución de la URSS, todas las repúblicas, excepto las bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), acudieron juntas a Barcelona bajo la denominación de Equipo Unificado. Si había una selección al que los jugadores lituanos desearan ganar, era esa, pero por motivos políticos, no personales. Y tuvieron la primera oportunidad de hacerlo en la última jornada de la primera fase del preolímpico, con los dos equipos ya clasificados. "En el vestuario les decía que íbamos a ganarles por un punto de diferencia por año de ocupación. Y habían sido 50 años. Los rusos eran grandísimos jugadores, ¡pero ganamos por 44! Tenían una fuerza mental muy grande", recuerda Imbroda. Lituania venció por 79-116, acabó invicta y viajó a Zaragoza.

"Allí jugamos la fase final. Y la ganamos, incluido el últmo partido ante la Croacia de PetrovicKukocRadjaPerasovic o Vrankovic que luego fue subcampeona olímpica. Así nos clasificamos para la Olimpiada", comenta el técnico. Lituania fue el único equipo que no perdió ningún partido: en dos semanas ganó los 12 que jugó anotando 99 puntos y con una ventaja media de 21.

"Tener a Sabonis era una sensación única"

Para entonces, en el equipo lituano ya eran conscientes de que tenían ante sí una gran oportunidad de ganar una medalla. "Sabíamos que teníamos una opción clara, aunque no era fácil", dice Imbroda. "Había grandísimas selecciones, y algunas, como la Italia de Riva, subcampeona de Europa en 1991, se había quedado fuera. Sabíamos que podíamos hacer algo grande". Buena parte de las opciones lituanas pasaban por Arvydas Sabonis, quizá el mejor jugador fuera de la NBA en aquella época.

"Tener a Arvydas Sabonis sobre la cancha era una sensación única porque era un jugador único", asegura Imbroda. "Me acuerdo pensar: 'Es que es imposible perder'. La superioridad de Arvydas era impresionante. Todo el juego pivotaba sobre él, pero encima estaba rodeado de extraordinarios jugadores exteriores como Marciulionis, Kurtinaitis, Homicius o un Karnisovas que empezaba... Eran jugadores extraordinarios, pero el más importante era Sabonis".

En el torneo olímpico, los caminos de Lituania y el Equipo Unificado volvieron a cruzarse. Quedaron encuadrados en el mismo grupo, y el enfrentamiento entre ambos, que acabó con derrota lituana, fue decisivo. Aunque con el mismo número de victorias, el Equipo Unificado acabó en primera posición, lo que le permitía evitar hasta una posible final a Estados Unidos.

El 'Dream Team' fue el rival en semifinales de una Lituania que había eliminado a la Brasil de Oscar Schmidt, pero que poco pudo hacer (127-76) ante los estadounidenses. De haber ganado todos los partidos en la primera fase, Lituania se habría enfrentado casi con toda seguridad a Croacia en semifinales. Y ahí habría tenido más opciones. No lo hizo y acabó jugándose el bronce contra el Equipo Unificado en un partido durísimo que ganó por 82-78. Lituania ganó el bronce en su primer torneo internacional desde el Campeonato de Europa de 1939

"Las palabras no pueden expresar momentos como ese. Tienes que estar ahí", dice Rimas Kurtinaitis en el documental 'The Other Dream Team' (El otro Dream Team), que cuenta la historia de aquel equipo. El bronce provocó una explosión de júbilo en Lituania, donde el baloncesto es el deporte nacional. "Se lio la mundial, es como si el país empezara a existir para el mundo. No hay mejor escaparate universal que una Olimpiada", afirma Imbroda, que se perdió el recibimiento al equipo porque decidió no viajar. "Estaba muy agotado y me volví para casa".

Su relación con Lituania pudo continuar tras la Juegos Olímpicos, pero el melillense rechazó la oferta que le hicieron. "Me ofrecieron entrenar al Zalgiris. En aquella época, en su reglamento, solo tenían permitida la posibilidad de tener un solo entrenador extranjero en toda la competición. Recuerdo que me daban 60.000 dólares o una cosa así, una fortuna para ellos en aquella época. No había tiempo para gastártelo allí. Pero yo estaba comprometido con Unicaja y estaba en mi casa, mi vida la tenía aquí. Pero alguna vez sí que he pensado en aquella oportunidad", reconoce Imbroda, ya apartado del deporte profesional. Ahora emplea su tiempo en los proyectos de su fundación, aunque siempre con el baloncesto y el recuerdo de Barcelona muy presentes. "Yo me siento orgulloso de haber formado parte de aquella historia. Para mí supuso una enseñanza profesional y personal", asegura.