Enviado por Javier Imbroda en
Artículo semanal publicado en Diario Sur

He leído a menudo artículos y escuchado opiniones sobre la figura del entrenador. Un personaje que para muchos suele ser responsable de todo y partícipe de nada. Un entrenador sabe que el banquillo es un espacio abarrotado donde el dueño vive absolutamente solo.

Hay quienes lo comparan con un funambulista, da igual lo que sepa, lo importante es ser un gran relaciones públicas, hacer caso al líder del vestuario, enjabonar al presidente o propietario de turno y venderse como un kleenex ante los profesionales de los medios de comunicación.

Los más extremistas piensan que el entrenador es un mal necesario que pierde partidos, porque cuando se ganan, son los jugadores los únicos responsables.

Son opiniones, algunas desafortunadas, que suelen estar bastante extendidas en determinados foros, ya sean de directivos, periodistas o aficionados. Pero no, el entrenador es clave en la estructura de cualquier organización. Una especie de director general de personal de cualquier empresa. Quien maneja y gestiona todos los recursos humanos que tiene a su alcance.

Es quien permite desarrollar el talento de su equipo y obtener el mayor rendimiento posible. No siempre acierta, pero, ¿quién lo hace? Cada entrenador es un mundo, ejerce su liderazgo en función de su personalidad y carácter. Conocimientos, dedicación y toma de decisiones, resumen sus herramientas de trabajo. Se enfrentan a multitud de situaciones de todo tipo, equipos que aspiran a todo o que se conforman con cumplir objetivos iniciales sin más ambición de llegar más lejos. Equipos maltrechos que buscan con ansiedad su camino que les lleve a salir de posiciones comprometidas. Situaciones varias que ponen al entrenador al borde de un ataque de nervios.

Michel es un ejemplo de lo que expongo. Llega a un equipo sin brújula. Un club que mira con temor la mala clasificación de su equipo con todas las consecuencias deportivas, económicas y sociales que conlleva. Y resulta que esa figura del entrenador tan denostada a veces, se convierte en el faro que alumbra a un grupo perdido y no solo lo lleva a buen puerto, sino que existe en el ambiente un deseo de que no termine una temporada que se avecinaba tormentosa.

El entrenador quiere ganar siempre, sabe que es el primer señalado cuando los resultados se tuercen. Es una pieza clave que hay que cuidar. Valgan estas líneas para reivindicar su labor, tan importante, tan incomprendida.

 

Pinceladas

* Playoff ACB. Unicaja tiene un playoff trampa. Se enfrenta al equipo revelación. Tiene ventaja de campo que puede ser decisiva. El Iberostar Tenerife ha demostrado con creces su solvencia esta temporada. Para ellos es un premio más que sumar a una temporada histórica. Tienen también su título europeo, y desconozco si será suficientebagaje para afrontar mentalmente este playoff con ganas de ganar. Unicaja sí ha demostrado su deseo de seguir aspirando a todo. Será un playoff muy duro con marcadores que se avecinan bajos. El nivel defensivo de ambos equipos es excelente, y espero una eliminatoria para corazones fuertes. Mi favorito, el nuestro.

* Betis ACB. Lamento que el Betis haya perdido la categoría. No sé si el follón que trae la ACB, hará que siga o no. Pero sería una lástima que Sevilla perdiera esa plaza para el baloncesto andaluz. Tendrán que reflexionar y preguntarse cómo llegaron hasta ahí. El deporte a este nivel tiene estos sinsabores, pero también tienen esos retos de volver a conquistarlos.

* Nadal. ¿Qué decir? Al escribir estas líneas ganaba en la final. Me da igual lo que pase. Su quinta final este año, y es que Nadal no ha vuelto. Nadal nunca se fue, los grandes no se van nunca, aunque pierdan.

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