Una foto con historia

Una foto con historia

Hace unos días en Medac Talks, me pidieron que diera una ponencia hablando de mi trayectoria “Desde el colegio a la alta competición”. Un viaje que iniciaba desde mi llegada a Málaga procedente de Melilla, un chico muy joven que desembarcaba del “Melillero” con una Diplomatura de Magisterio, dos bolsas de deporte y mi pasión por el baloncesto como único patrimonio. Un puesto de trabajo como profesor a cambio de entrenar al equipo del colegio Maristas. Allí empezó todo.

Sé que ahora la movilidad de nuestros jóvenes rompe fronteras con una facilidad que desafortunadamente antes no teníamos, ni podíamos. Cuestiones de mentalidad, y sobre todo, posibilidades económicas. Eran otros tiempos. Pero para mí, a pesar de la cercanía entre Málaga y Melilla, aquello no solo era una distancia geográfica, era comenzar un camino desconocido, lleno de incertidumbres, solo con mi patrimonio anteriormente citado como escudo protector.

Pues bien, hablando de ese recorrido durante mi ponencia, comenté en un momento dado, mi experiencia vital que tuve con Lituania. Una experiencia que me marcó en lo personal y en lo profesional por las circunstancias tan especiales que rodearon aquella vivencia. Y dentro de aquellas múltiples vivencias, recordé nuestro partido que disputamos en las semifinales de la Olimpiada de Barcelona’92 contra el célebre Dream Team. El mejor equipo que jamás haya pisado una cancha de baloncesto, pasen y lean: Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Karl Malone, Charles Barkley, Scottie Pippen, John Stockton, Clyde Drexler, Chris Mullin, David Robinson, Pat Ewing, dirigidos por Chuck Daly, Lenny Wilkens, Mike Krzyzewski. USA, su selección universitaria, había perdido la final de la Olimpiada de Seúl’88 frente a la URSS, y decidieron que nunca jamás. Un pacto con Samaranch para que participara una selección NBA, hizo el resto. Cogieron lo mejor de cada casa, y ya ven, una selección irrepetible, no solo por el enorme talento, sino por lo que proyectaban a nivel universal dentro y fuera de la cancha.

Bien, estábamos en semifinales frente a esa selección, un servidor entrenando a Lituania y tratando de mantener cierta compostura, pues los jugadores pensaban más en hacerse fotos con ellos y pedirle alguna camiseta que de jugar contra unas estrellas que parecían venidas de Júpiter. Y así fue. Acordamos qué si el partido se rompía por su superioridad, reservaríamos a Sabonis para la lucha al día siguiente por la medalla de bronce. En el minuto 5 de partido, Sabonis ya estaba sentado en el banquillo. En fin, el resto se lo pueden imaginar.

Relatando esto en mi ponencia, comenté que me faltaba una foto en mi archivo que nunca conseguí, la que nos hicimos ambas selecciones al finalizar el partido. En esa época, ya saben ustedes, nada de móviles, y por tanto, nada de hacerse fotos cada cinco minutos como ahora. Antes había que perseguir al que la tuviera. Y cuál fue mi sorpresa, que al día siguiente de mi ponencia, tenía en mi móvil la foto que estuve persiguiendo sin éxito todo este tiempo. Mi buen amigo Juanri, antiguo alumno mío y hoy brillante abogado, presente en la ponencia, me la regaló. Regalo que quiero compartir con ustedes.

En la foto, el primero a la izquierda, no me vayan a confundir con Michael Jordan, y aún con pelo, se me ve una cara expresando cierta resignación. Pensaba, los americanos deben estar flipando. Dirían, después de la paliza que le hemos dado, y todavía quieren hacerse una foto con nosotros.

Una foto con historia. Una historia que tuve la suerte de vivir, y ahora de contar. Gracias Juanri.

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